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Dr. Mauro Carrillo

¿Sirve el reto de septiembre? Siguieron a 435 hombres que lo hicieron y ninguna medida cambió. Qué dice la ciencia y cuál es el enemigo real.

Reto de Septiembre: ¿Funciona? Qué Dice la Ciencia

Cada año, cuando agosto se termina, millones de hombres se alistan al reto de septiembre: 30 días sin masturbarse ni ver pornografía, esperando que del otro lado aparezcan la energía, el foco y la testosterona prometidos. Las redes se llenan de soldados que se reportan, tablas de rangos y arengas de guerra.

La pregunta que casi nadie responde con datos es la más simple de todas: ¿funciona? En 2025 se publicó el primer estudio que siguió a cientos de hombres que hicieron el reto, midiendo antes y después qué cambiaba en su vida sexual. Ese resultado, más un par de números que la mayoría de la tropa desconoce, cambian bastante el mapa de esta guerra.

En esta nota vas a encontrar de dónde salió el reto de septiembre, qué dice la evidencia sobre la abstinencia, los beneficios de eyacular que casi nadie menciona, quién es el enemigo real de esta batalla y un plan de cuatro pasos para vencerlo.

Qué es el reto de septiembre y de dónde salió

El reto nació el 28 de agosto de 2009, en un foro web, como un desafío de apoyo entre varones que sentían que el consumo de pornografía se les había ido de las manos. Un detalle que sorprende: es anterior al famoso No Nut November, que apareció recién en 2011.

De ese origen humilde creció una comunidad enorme. Hoy NoFap tiene su propia página web con alrededor de 1,2 millones de usuarios registrados, que se hacen llamar “Fapstronautas”, y cada año la cultura del septiembre sin fap se populariza un poco más.

La idea de fondo, igual, viene de mucho antes. Varias culturas antiguas de China y de India practicaban la retención seminal como fuente de vitalidad. Muchos creían que perder ese “fluido vital” era incluso causa de enfermedades. En algunos lugares, y en ciertas personas, esa creencia sigue viva.

¿El reto de septiembre funciona? Esto midieron en 435 hombres que lo hicieron

El estudio que citan casi todos los videos pro-reto es un trabajo alemán del año 2001: 10 voluntarios, 3 semanas sin actividad sexual, y una testosterona basal apenas más alta al final (Exton et al., 2001). Dos problemas: ese aumento no tuvo ninguna traducción clínica demostrada, y en más de 20 años nadie volvió a repetir el experimento. Diez varones y ninguna réplica es una base muy flaca para una doctrina de guerra.

La respuesta directa llegó en 2025. Un equipo de la Queen’s University, en Canadá, siguió a 435 hombres que hicieron el reto —en su versión de noviembre, el mismo desafío con otro mes en el calendario— y los evaluó antes y después con escalas validadas de placer, deseo, disfunción y excitación sexual —114 completaron la medición final— (Garas et al., 2025).

El resultado: ninguna de esas medidas cambió respecto de quienes no participaron. Ni superpoderes ni catástrofe. Un mes de abstinencia no movió la aguja en nada de lo que midieron.

Los beneficios de eyacular que el reto no te cuenta

Mientras miles de videos promocionan no masturbarse o no eyacular, la evidencia sobre la eyaculación regular apunta en otra dirección.

Un seguimiento de Harvard a 31.925 hombres durante casi 18 años encontró que eyacular 21 o más veces al mes se asoció a un 19-22 % menos de riesgo de cáncer de próstata, comparado con hacerlo 4 a 7 veces (Rider et al., 2016).

Del lado de la fertilidad, “guardarla” tampoco la potencia. Un análisis de 9.489 muestras de semen mostró que la movilidad y la morfología de los espermatozoides caen cuando la abstinencia pasa los 11-14 días (Levitas et al., 2005). Y un meta-análisis de 13 ensayos clínicos con 2.315 participantes calculó que cada día extra de abstinencia suma un 3,46 % de fragmentación en el ADN espermático (Lo Giudice et al., 2024).

Si dejamos de lado las creencias espirituales o religiosas, la conclusión es bastante clara: la masturbación y la eyaculación en sí no traen tantos problemas. El problema real está en el cómo y en el por qué lo hacemos. Y ahí aparece el verdadero rival de esta guerra.

Pornografía: el enemigo real del reto de septiembre

Para dimensionar contra qué estás peleando, un solo dato: Pornhub es el noveno sitio más visitado del mundo, con 3.840 millones de visitas por mes, por encima de Amazon, TikTok y WhatsApp (Semrush, julio de 2026). No es un rincón oscuro de internet: es una de las plataformas más grandes del planeta.

El consumo, además, es casi universal. Una muestra probabilística nacional de Estados Unidos lo confirmó, y encontró algo más preocupante: la frecuencia de consumo se asoció a conductas copiadas del guion pornográfico, incluidas prácticas de riesgo como el estrangulamiento durante el sexo (Herbenick et al., 2020). Cuando alguien se cría aprendiendo de ese guion, aprende a priorizar el rendimiento, y a veces la violencia, en un momento que debería ser de conexión e intimidad.

La medicina tardó en tomar nota. Aunque en 2009 la comunidad web ya advertía sobre el consumo problemático, recién en 2022 entró en vigor el código 6C72 de la CIE-11, la clasificación de enfermedades de la OMS: trastorno de comportamiento sexual compulsivo. Ojo con el nombre: no existe el diagnóstico “adicción al porno”; lo que se reconoce es la pérdida de control sobre la conducta sexual.

Dopamina y pornografía: por qué no podés parar

Yo consumí pornografía durante muchos años. Lo dañino que puede ser este hábito lo noté de verdad cuando lo eliminé de mi vida. Y para ganarle, conviene entender su arma más poderosa: la dopamina.

La dopamina se dispara con la promesa de algo nuevo, con el anhelo de la recompensa, más que con el placer en sí. Tenés un nivel basal, tu dopamina de fondo, y picos que saltan ante cada estímulo novedoso. Cada pestaña nueva dispara uno más; cuando baja, el circuito pide otro estímulo. Por eso una sesión que iba a durar cinco minutos termina durando una hora.

Para que dimensiones la magnitud: un estudio de resonancia funcional en Cambridge comparó a 19 consumidores compulsivos de pornografía con 19 controles. Frente a videos sexuales, en los compulsivos se activaron las mismas regiones cerebrales que se encienden en la adicción a drogas (Voon et al., 2014). Y reportaban más deseo de consumir, sin disfrutarlo más: el circuito pide repetir, no gozar.

A eso hay que sumarle la forma en la que solemos masturbarnos frente a la pantalla: rápido, solos y buscando terminar. Tu cuerpo entrena velocidad. Después, en un encuentro real, le pedís exactamente lo contrario.

¿El porno causa disfunción eréctil?

Las bajas de esta guerra son reales. En un hospital de Milán analizaron a 439 pacientes que consultaban por primera vez por disfunción eréctil: 1 de cada 4 tenía 40 años o menos, con una edad media de 32, y casi la mitad de esos jóvenes presentaba un cuadro severo (Capogrosso et al., 2013). El matiz importa: el dato habla de quienes consultan, no de toda la población. Pero muestra que la disfunción eréctil en jóvenes existe y llena consultorios.

¿Y qué rol juega el porno? Una encuesta internacional a 3.419 hombres de 18 a 35 años encontró que a mayor consumo problemático de pornografía, mayor probabilidad de disfunción eréctil. La frecuencia de masturbación, en cambio, no fue un factor (Jacobs et al., 2021).

Consumir mucho y tener un problema no son lo mismo. Lo que marca el problema es la pérdida de control (Grubbs y Gola, 2019). Las señales típicas: no excitarte cuando estás con alguien, dejar tu vida social por consumir, necesitar cada vez más material, sexualizar toda situación.

¿Y la causa? Existen reportes de casos de marinos jóvenes de Estados Unidos cuya disfunción eréctil revirtió al dejar la pornografía (Park et al., 2016). Son eso, reportes de casos, no una prueba, y el debate causal sigue abierto. Mi postura como urólogo, aunque las guías todavía no le den al tema la importancia que merece: cuando hay problemas en la cama, eliminar la pornografía puede ayudar.

Cómo dejar el porno: las 4 leyes de Hábitos Atómicos invertidas

Si el enemigo es el porno, resistir un mes a pura fuerza de voluntad es una mala estrategia. James Clear, en su libro Hábitos Atómicos, describe cuatro leyes que construyen cualquier hábito. Para romper uno malo, se invierten: hacerlo invisible, poco atractivo, difícil e insatisfactorio.

Ley invertida Qué significa Acción concreta
1. Hacerlo invisible Sacar los disparadores de la vista. Celular fuera del cuarto y del baño, bloqueadores instalados, limpiar las redes de cuentas que te disparan.
2. Hacerlo poco atractivo Reencuadrar lo que el hábito te da. Recordar lo que el consumo te deja de verdad después, no lo que te promete antes.
3. Hacerlo difícil Sumar fricción entre vos y el hábito. Que la clave del bloqueador la guarde otra persona; dispositivos lejos de la cama.
4. Hacerlo insatisfactorio Que caer tenga un costo inmediato. Un compañero de reto al que reportarle cada caída, apenas pasa.

El principio detrás de las cuatro es el mismo: no dependas de tu fuerza de voluntad, cambiá el ambiente. Sin disparador a la vista, la recaída pierde la mitad de su ejército.

Preguntas frecuentes sobre el reto de septiembre

¿El reto de septiembre sube la testosterona?

La evidencia a favor es un solo estudio de 2001 con 10 voluntarios, donde tras 3 semanas de abstinencia la testosterona basal apareció apenas más alta, sin ninguna traducción clínica demostrada, y nadie lo replicó en más de 20 años (Exton et al., 2001). Cuando siguieron a 435 hombres que hicieron el reto completo, ninguna medida de su vida sexual cambió (Garas et al., 2025).

¿Masturbarse causa disfunción eréctil?

Los datos dicen que no. En una encuesta a 3.419 hombres jóvenes, la frecuencia de masturbación no fue un factor asociado a la disfunción eréctil; lo que sí se asoció fue el consumo problemático de pornografía (Jacobs et al., 2021).

¿Cuántas veces es normal masturbarse?

No hay un número que defina lo normal. Como referencia, eyacular 21 o más veces al mes se asoció a menor riesgo de cáncer de próstata en el seguimiento de Harvard (Rider et al., 2016). Lo que marca un problema es la pérdida de control sobre la conducta, no la cantidad (Grubbs y Gola, 2019).

¿Hacer el reto de septiembre es malo?

En el estudio que siguió a 435 participantes, un mes de abstinencia no empeoró ni mejoró ninguna medida de placer, deseo, disfunción o excitación (Garas et al., 2025). Si buscás un hijo, tené presente que la calidad espermática cae con abstinencias largas: movilidad y morfología bajan pasados los 11-14 días (Levitas et al., 2005) y la fragmentación del ADN sube un 3,46 % por cada día extra (Lo Giudice et al., 2024). El mayor riesgo del reto es otro: gastar 30 días de disciplina apuntando al blanco equivocado.

¿Cómo dejo de ver pornografía?

Cambiando el ambiente antes que confiar en la voluntad: sacá los disparadores de la vista (celular fuera del cuarto, bloqueadores), recordá lo que el hábito te deja de verdad, sumá fricción (la clave del bloqueador la guarda otra persona) y hacé que cada caída tenga un costo inmediato, como reportársela a un compañero de reto. Son las cuatro leyes de Hábitos Atómicos invertidas, desarrolladas más arriba en esta nota.

Conocé al enemigo antes de entrar al campo de batalla

El resumen del informe de inteligencia: un mes sin masturbarte no te da superpoderes, y eyacular con regularidad tiene beneficios medidos. La guerra que sí vale la pena pelear es contra el consumo problemático de pornografía, un hábito que explota el circuito de la dopamina, se asocia a disfunción eréctil en jóvenes y hoy tiene nombre en la clasificación de la OMS. Para esa batalla tenés un plan de cuatro pasos que funciona mejor que apretar los dientes durante 30 días.

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Referencias bibliográficas
Exton MS et al. Endocrine response to masturbation-induced orgasm in healthy men following a 3-week sexual abstinence. World J Urol. 2001;19(5):377-382. PMID: 11760788.
Garas M, Levang SL, Pukall CF. No Nut November, temporary abstinence, and sexual wellbeing: a study of the short-term abstinence-based internet trend. J Sex Med. 2025;22(9):1649-1657. PMID: 40719785.
Rider JR et al. Ejaculation Frequency and Risk of Prostate Cancer: Updated Results with an Additional Decade of Follow-up. Eur Urol. 2016;70(6):974-982. PMID: 27033442.
Levitas E et al. Relationship between the duration of sexual abstinence and semen quality: analysis of 9,489 semen samples. Fertil Steril. 2005;83(6):1680-1686. PMID: 15950636.
Lo Giudice A et al. Effects of long and short ejaculatory abstinence on sperm parameters: a meta-analysis of randomized-controlled trials. Front Endocrinol. 2024. PMID: 38828413.
Herbenick D et al. Diverse Sexual Behaviors and Pornography Use: Findings From a Nationally Representative Probability Survey of Americans Aged 18 to 60 Years. J Sex Med. 2020. PMID: 32081698.
Voon V et al. Neural correlates of sexual cue reactivity in individuals with and without compulsive sexual behaviours. PLoS One. 2014;9(7):e102419. PMID: 25013940.
Capogrosso P et al. One patient out of four with newly diagnosed erectile dysfunction is a young man—worrisome picture from the everyday clinical practice. J Sex Med. 2013;10(7):1833-1841. PMID: 23651423.
Jacobs T et al. Associations Between Online Pornography Consumption and Sexual Dysfunction in Young Men: Multivariate Analysis Based on an International Web-Based Survey. JMIR Public Health Surveill. 2021. PMID: 34534092.
Grubbs JB, Gola M. Is pornography use related to erectile functioning? Results from cross-sectional and latent growth curve analyses. J Sex Med. 2019;16(1):111-125. PMID: 30621919.
Park BY et al. Is internet pornography causing sexual dysfunctions? A review with clinical reports. Behav Sci. 2016;6(3):17. PMID: 27527226.

Urólogo Mauro Carrillo
urologia.ar

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