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Dr. Mauro Carrillo

No existe un número normal de masturbación: lo que condiciona tu erección no es cuántas veces, sino cómo lo hacés. Dónde está la línea real.

¿Cuántas veces es normal masturbarse? Lo que de verdad importa

Si alguna vez te preguntaste cuántas veces es normal masturbarse, tengo una noticia que te va a sorprender: la respuesta importa mucho menos de lo que creés. Casi todos buscamos un número, una cifra que nos diga si estamos bien o si nos estamos pasando. Y ese número no existe.

Lo que sí puede traerte problemas no es la frecuencia, sino la forma en que lo hacés y el rol que ocupa esta práctica en tu vida. Cada vez que te masturbás, sin darte cuenta, estás entrenando a tu cuerpo: le enseñás qué presión, qué velocidad y qué tipo de estímulo necesita para responder.

Acá vas a entender por qué a veces funciona todo cuando estás solo y el cuerpo no responde con otra persona, qué papel juega la pantalla en eso, cómo saber si dejó de ser un hábito sano, y qué hay de cierto detrás del famoso dato de las 21 veces y la próstata.

¿Cuántas veces es normal? No hay un número, hay un rango

Empecemos por lo más buscado. No existe una frecuencia “normal” única. Hay varones que se masturban todos los días y otros que pueden estar meses sin hacerlo, o que directamente no la practican. Las dos cosas entran dentro de lo normal.

Es una conducta que nos acompaña casi toda la vida, desde los 18 hasta pasados los 70. En una encuesta nacional a casi 3.000 hombres, la proporción que se había masturbado en el último mes variaba muchísimo según la edad: alrededor del 28% en los mayores de 70 y más de la mitad entre los 16 y los 59 años. Un rango enorme, no un dato fijo.

¿Y si no te masturbás nada? Tampoco pasa nada. Abstenerse no es ni bueno ni malo por sí mismo, y no debería traerte complicaciones. Por eso la pregunta “cuántas veces es normal” está mal formulada: el número, solo, no define un problema. Lo que sí lo define es cómo lo hacés.

El agarre y la masturbación prona: cómo entrenás mal al cuerpo

Muchos vivimos alguna vez esta escena: solos, con la puerta cerrada, funciona todo perfecto, pero con otra persona enfrente el cuerpo no responde. Se pierde la erección, o directamente no aparece el deseo. Una de las causas empieza en un lugar que casi nadie mira.

Cada vez que te masturbás, tu mente aprende exactamente qué necesita para excitarse: cuánta presión, qué velocidad, en qué posición y con qué tipo de imagen. Dentro de eso, hay dos hábitos que conviene destacar porque condicionan la erección sin que lo notes.

El “death grip” o agarre mortal

El primero tiene que ver con la presión de la mano. Si te acostumbrás a un agarre muy fuerte y a un movimiento muy específico, el reflejo se calibra a esa sensación. El día que estás con una persona real, tu cuerpo no encuentra la señal exacta que aprendió a buscar, y cuesta muchísimo excitarse.

La masturbación prona (boca abajo)

El segundo es masturbarte boca abajo, contra el colchón, o con la mano apretada bajo el cuerpo. Eso genera una fricción tan intensa que después resulta imposible de igualar con otra persona. Este concepto se describió por primera vez asociado a dificultades con la erección y el orgasmo en pareja.

Y esto no es una idea mía. Cuando se comparó a un grupo de hombres con problemas de erección contra otro grupo sin ninguna dificultad, esas dos costumbres —la masturbación prona y la presión excesiva— aparecían bastante más seguido en los que fallaban. La consecuencia clínica de esto suele ser disfunción eréctil situacional (funcionás solo, no en pareja) o eyaculación retardada.

Hábito Qué entrena Consecuencia posible
Agarre muy fuerte (death grip) Una presión que ninguna pareja replica Cuesta excitarse con otra persona
Boca abajo (prona) Una fricción imposible de igualar DE situacional, eyaculación retardada
Pantalla con novedad infinita La necesidad de estímulos cada vez más nuevos Lo real “aburre”, tolerancia
La buena noticia: un reflejo mal calibrado se puede reentrenar. Tu cuerpo aprendió una forma muy particular de responder, y lo que se entrenó, se reentrena.

Por qué el porno ya no te excita igual: novedad y tolerancia

Tu mano no es lo único que entrena a tu mente. Del otro lado de la pantalla pasa exactamente lo mismo, sobre todo con dos ingredientes: el estímulo puramente visual y la novedad.

En un experimento de laboratorio, se puso a varios hombres a mirar una y otra vez el mismo material. Con cada repetición, la excitación iba cayendo, y la erección con ella. El cuerpo respondía cada vez menos a lo mismo, hasta que aparecía algo nuevo: ahí, de un momento a otro, todo se volvía a encender.

Este acostumbramiento no nos pasa solo a nosotros. En animales, un macho que ya terminó y no quiere saber nada se reactiva apenas aparece una hembra distinta, con un pico de dopamina de por medio. La dopamina se dispara con lo novedoso, con la señal de que algo bueno está por venir, más que con el placer en sí.

Ahora pensá en lo que es el porno de internet: novedad sin fin, gratis y a cualquier hora. Tu cerebro se acostumbra a esa catarata y te empieza a pedir más, algo un poco más fuerte o un poco más raro, hasta que terminás con veinte pestañas abiertas sin poder decidirte por ninguna. A eso lo llamamos tolerancia: necesitar cada vez más para sentir lo mismo que antes, un patrón que aparece cuando se juntan novedad, accesibilidad y usarlo para regular emociones.

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¿Cuándo se vuelve un problema? Señales y autotest

Como te dije al principio, la respuesta tiene poca relación con la frecuencia. Mucha gente se masturba o mira porno sin que eso sea un problema. El problema empieza cuando aparecen ciertas señales, no cuando se cruza un número.

Una revisión sobre el uso problemático de pornografía describe tres señales claras de que dejó de ser un pasatiempo:

1. Perdiste el control. Faltás a compromisos, llegás tarde al trabajo o dejás de lado cosas por masturbarte o ver porno.

2. Seguís aunque ya te traiga problemas. Te sentís desmotivado, sin deseo, o la ansiedad de desempeño te paraliza al punto de inhibirte con la persona que te gusta.

3. Necesitás material cada vez más fuerte. Lo que antes te alcanzaba con poco, ahora te pide más para sentir lo mismo.

Además de esos tres pilares, hay otras señales que ayudan a identificar un problema real. Esta lista se apoya en los componentes de una escala validada, y la idea es simple: no es cuántas veces lo hacés, es cuántas de estas señales marcás.

  • ☑ Te ocupa la cabeza buena parte del día.
  • ☑ Lo usás para tapar lo que no querés sentir.
  • ☑ Te está generando conflictos.
  • ☑ Te ponés mal cuando no podés hacerlo.
  • ☑ Intentaste bajar un cambio y no pudiste.

Una aclaración importante: sentirte mal por hacerlo no es lo mismo que tener un trastorno. La culpa que viene solo de un juicio moral no es una enfermedad. Lo que enciende la alarma es el patrón sostenido en el tiempo, con pérdida de control y malestar real.

Masturbación y próstata: el mito de las 21 veces

No todo lo relacionado con la masturbación es perjudicial. Al contrario: permite conocerse a uno mismo, puede mejorar el descanso y ayuda a bajar la ansiedad. A eso se suma un supuesto efecto protector frente a algunas enfermedades, y de ahí sale uno de los datos más virales de internet.

Un trabajo hecho con más de 30.000 hombres observó que quienes eyaculaban unas 21 veces al mes tenían menor riesgo de cáncer de próstata que quienes lo hacían mucho menos. Suena a receta, pero cuidado antes de salir a romper tu récord personal.

Fue un estudio observacional, así que muestra una asociación, no una causa. Además, la frecuencia la reportaron los propios hombres, de memoria y en una encuesta. Y, seamos realistas: ¿es sostenible eyacular 21 veces todos los meses? El 21 no es una dosis que tengas que cumplir, es una casilla de una encuesta.

Lo único que cambia es cómo lo hacés

La masturbación acompaña al ser humano desde siempre. Hace miles de años, los egipcios ya la ponían en el centro de su mito de creación: para ellos, el mundo arrancó justo ahí. Nunca fue el problema, y no lo es hoy.

Así que dejá de contar las veces. El número no te rompe ni te define. Lo único que de verdad condiciona tu erección —y lo único que siempre podés mejorar— es cómo lo hacés: con qué presión, en qué contexto y con qué tipo de estímulo entrenás a tu cuerpo. Y lo que se entrenó, se reentrena. El mejor día para empezar a prestarle atención es hoy.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas veces es normal masturbarse?

No existe una cifra “normal” única. Hay hombres que se masturban todos los días y otros que pasan meses sin hacerlo, y las dos cosas entran dentro de lo normal, desde los 18 hasta pasados los 70 años. El número, solo, no define ningún problema: lo que importa es la forma en que lo hacés y el rol que ocupa en tu vida.

¿Por qué funciono solo pero no con mi pareja?

Muchas veces es porque entrenaste tu reflejo con una técnica que ninguna pareja puede replicar: un agarre muy fuerte (el famoso “death grip”) o masturbarte boca abajo contra el colchón. También pesa la ansiedad de desempeño. En ambos casos el origen es más mental que físico, y se puede reentrenar.

¿Masturbarse afecta la próstata?

Los mitos de que la daña no tienen respaldo. Un estudio grande asoció eyacular con frecuencia con menor riesgo de cáncer de próstata, pero es observacional: muestra una relación, no una causa. Las famosas 21 veces al mes no son una dosis que tengas que cumplir para protegerte.

¿Cómo sé si tengo un problema con la masturbación o el porno?

No mires la frecuencia, mirá las señales: si perdiste el control (faltás a compromisos), si seguís aunque te traiga consecuencias, o si necesitás material cada vez más fuerte para sentir lo mismo. Cuantas más de esas señales marques, y cuanto más se sostenga en el tiempo con malestar real, más conviene consultarlo.

¿Es malo no masturbarse nada?

No. Abstenerse no es ni bueno ni malo por sí mismo, y no debería traerte complicaciones. Igual que no hay una cantidad obligatoria, tampoco hay una obligación de hacerlo.

¿Solo sí, pero con otra persona no?

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Referencias

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