Dr. Mauro Carrillo

Sexo anal y salud masculina: prostatitis ascendente, PSA elevado en +40, ducha rectal y qué dice la evidencia urológica. Guía con criterio.

Hace 1500 años, los Moche, en Perú, enterraban a sus muertos con vasijas de barro. La escena más representada en esas piezas no era una cacería ni una batalla: era sexo anal. A los conquistadores no les hizo gracia y rompieron miles a martillazos por considerarlas diabólicas.

Hoy, una de cada cuatro personas adultas practica sexo anal, sin importar el género o con quién duerma. Y aunque sea con tu pareja de toda la vida, hay cosas que tu cuerpo puede pagar si lo hacés sin información.

Acá vamos a hablar de lo que pocos consideran: las consecuencias urológicas, la paradoja de la pareja estable, el PSA después de los 40, y lo único que la evidencia confirma que sí funciona. Nadie está obligado a experimentarlo. Si decidís hacerlo, mejor que sea con criterio.

La paradoja “5 años juntos”: por qué la pareja estable no es protección automática

Hay una frase que aparece seguido en los comentarios: “Hace años tengo sexo anal sin preservativo con mi pareja de toda la vida, y nunca nos pasó nada”.

Casi una de cada cuatro personas de 25 a 34 años practicó sexo anal en el último año, y la cifra viene subiendo desde hace dos décadas (Mercer 2013, Natsal-3 UK). Cuando una relación se asienta, el látex suele desaparecer a las pocas semanas. Y ahí hay dos cosas que conviene no asumir.

Una: varias ITS pueden estar ahí sin avisarte. Sin síntoma, sin molestia, sin señal.

Dos: aunque ninguno de los dos tenga una ITS, existe un riesgo urológico que paga el que penetra. Y de eso casi nadie habla.

Lo que el porno no muestra (y lo que realmente pasa en la cama)

Un trabajo comparó lo que vemos en pantalla con lo que pasa en la cama (Fritz, Herbenick et al. 2022). La industria vende disponibilidad permanente, sin preparación, y placer extremo garantizado. En la vida real aparecen besos, placer compartido y uso de preservativo.

El anal queda lejos del top de las prácticas más frecuentes. Dos de cada diez adultos entre 25 y 49 años lo practicó en el último año (Herbenick 2010, NSSHB). Y en el encuentro más reciente, menos de 7 de cada 100.

Una investigación británica con chicos de 16 a 18 años mostró que, en parejas heterosexuales, el anal aparecía como algo doloroso, a veces coercitivo, y casi siempre motivado por copiar lo que habían visto en un video (Marston & Lewis 2014).

También se cree popularmente que la intimidad entre dos hombres es solo penetración anal. Pero apenas el 37% de los hombres gay tuvo penetración anal en su último encuentro (Rosenberger 2011). Lo más frecuente fueron los besos, el sexo oral y la masturbación mutua.

Esta práctica no es patrimonio de hombres ni de mujeres. Y nadie tiene la obligación de practicarla si no le interesa. Entender esto es el verdadero primer paso.

Anatomía: por qué el recto no perdona la falta de información

La vagina tiene dos cosas importantes: una mucosa preparada para el roce y lubricación propia. El recto no tiene ninguna de las dos, y además tiene un esfínter destinado a la continencia.

Por eso el sexo anal necesita acuerdo, tiempo de preparación y lubricación. La falta de lubricación, junto con no respetar los tiempos, favorece microfisuras y abrasiones. Y ahí es donde el riesgo de transmisión de VIH se vuelve alrededor de 17 veces más alto que en la receptividad vaginal (Patel 2014; Kelley 2017).

El riesgo de ITS no es exclusivo del sexo anal. Pero la probabilidad es bastante mayor. Y aun cuando ninguno tiene infecciones, hay otro problema del que pocos hablan y miles de hombres padecen en silencio.

El que penetra también paga: el riesgo urológico ascendente

Cuando se habla de riesgos del sexo anal, casi nadie nombra a quien penetra. Y ahí hay una consulta que aparece seguido, pero rara vez se sospecha.

Cualquier hombre que practique sexo anal insertivo, sin importar con quién, está expuesto a que las bacterias del recto suban por la uretra y lleguen a zonas como el epidídimo, la vejiga y, sobre todo, la próstata. La próstata funciona como un verdadero pent house para la E. coli y otras bacterias: una vez instaladas, cuesta mucho retirarlas.

Prostatitis, epididimitis y uretritis por flora rectal

Las prostatitis son un problema serio, no solo por la gravedad de algunos casos, sino porque hay pocos antibióticos que penetren bien la próstata. Si a eso le sumás la creciente resistencia bacteriana, el manejo se vuelve un dolor de cabeza.

De la misma forma, condiciones como infecciones recurrentes del epidídimo también se relacionan con el sexo anal insertivo (Coull 2008).

Aclaración importante: no toda prostatitis es por sexo anal. Pero conviene tenerlo en el mapa.

Y respecto de la pareja receptiva: lo más importante es paciencia y lubricación. Forzar la práctica o no usar lubricante predispone a fisuras, dolor y lesiones del esfínter. Esto lo maneja un proctólogo, no un urólogo.

PSA elevado en hombres mayores de 40: el falso susto evitable

Lo que sí hacemos los urólogos es el control del cáncer de próstata. Y acá hay un concepto que muchos pasan por alto.

Toda estimulación, directa o indirecta, sobre la próstata mueve el valor del antígeno. El masaje prostático eleva el PSA (Yuan 1992) y la eyaculación también lo eleva (Tchetgen 1996). Eso puede llevar a falsas elevaciones del PSA y, con eso, a un buen susto.

Recomendación PSA si tenés +40
Evitar actividad íntima 48 a 72 horas antes del análisis
Avisar al urólogo si tuviste relaciones en ese período
No tomar una elevación aislada como diagnóstico sin contexto

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¿Sirve la ducha rectal previa? La evidencia dice lo contrario

Si la flora del colon puede subir y provocar prostatitis o epididimitis, ¿no convendría limpiarse antes? La intuición dice que sí. La evidencia dice lo contrario.

La ducha rectal previa no protege. Multiplica casi por tres el riesgo de VIH y todavía más el de gonorrea y chlamydia rectal (Li 2019, meta-análisis). El motivo: altera la mucosa y el microbioma justo antes del contacto. Lo que parece higiénico y preventivo, en realidad prepara el terreno para los organismos que no querés.

Lo que SÍ podés hacer

  1. Preservativo. Siempre. Uno por acto. Si tu pareja es mujer, jamás cambies de sexo anal a vaginal sin cambiarlo: eso favorece cistitis.
  2. Paciencia y lubricación. Siempre a base de agua o silicona. Nunca oleoso. El aceite degrada el látex un 90% en 60 segundos (Steiner 1994).
  3. Ducha previa: no. Como vimos, no protege y aumenta el riesgo.
  4. Orinar después. Arrastra hacia afuera lo que se quedó en la uretra y baja el riesgo de cistitis. Sentido común urológico.
  5. Conversación y consentimiento en cada paso. Si la pareja no quiere, no se hace. Si vos no querés, tampoco.

Preguntas frecuentes

¿Es seguro tener sexo anal con mi pareja de toda la vida sin preservativo?

La pareja estable no garantiza ausencia de ITS: HPV, gonorrea y chlamydia rectal pueden estar presentes sin síntomas. Además, el riesgo urológico ascendente para quien penetra (prostatitis, epididimitis) existe aunque ninguno de los dos tenga una ITS.

¿Qué lubricante puedo usar?

Solo a base de agua o silicona. Nunca oleoso. El aceite degrada el látex un 90% en 60 segundos (Steiner 1994).

Tengo más de 40, ¿el sexo anal afecta mi PSA?

Toda estimulación directa o indirecta sobre la próstata mueve el valor del antígeno. Si tenés más de 40, evitá la actividad íntima entre 48 y 72 horas antes del análisis de PSA para no obtener una falsa elevación.

¿La ducha antes ayuda a prevenir infecciones?

No. La ducha rectal previa multiplica casi por tres el riesgo de VIH y todavía más el de gonorrea y chlamydia rectal porque altera la mucosa y el microbioma (Li 2019).

¿Es obligatorio probarlo si mi pareja quiere?

No. Nadie está obligado a probar el sexo anal. Las decisiones sobre tu cuerpo son tuyas. Si la pareja no quiere, no se hace. Si vos no querés, tampoco.

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Nadie está obligado a probar el sexo anal. Si decidís hacerlo, que sea con información, preservativo, lubricación y paciencia. El cuerpo no tiene rutas correctas ni incorrectas, pero sí tiene reglas que conviene conocer.

Referencias bibliográficas
Mercer CH et al. Changes in sexual attitudes and lifestyles in Britain through the life course. Lancet. 2013. PMID 24286784
Fritz N, Herbenick D et al. Porn Sex vs Real Sex. 2022. PMID 35165802
Herbenick D et al. NSSHB. 2010. PMID 21029383
Marston C, Lewis R. Anal heterosex among young people. BMJ Open. 2014. PMID 25122073
Rosenberger JG et al. Sexual behaviors and situational characteristics. 2011. PMID 21883941
Patel P et al. Estimating per-act HIV transmission risk. AIDS. 2014. PMID 24809629
Kelley CF et al. Rectal mucosal immunology. 2017. PMID 27848950
Coull N et al. Surgical sequelae of anal intercourse. Ann R Coll Surg Engl. 2008. PMID 18634737
Yuan JJ et al. Effects of rectal examination, prostatic massage on serum PSA. J Urol. 1992. PMID 1371553
Tchetgen MB et al. Ejaculation increases the serum prostate-specific antigen. Urology. 1996. PMID 8638359
Li P et al. Rectal douching and HIV/STI risk: meta-analysis. Sex Transm Infect. 2019. PMID 31073094
Steiner M et al. The impact of lubricants on latex condoms. Contraception. 1994. PMID 8142525

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